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[Fic] Mal día para navegar

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[Fic] Mal día para navegar

Mensaje por Sawn E. Kenshi el Jue Feb 06, 2014 11:57 am

Aquella mañana me había levantado con un mal sabor de boca. Una sensación maligna que me recorría todo el cuerpo desde la planta del pie hasta el último pelo de la cabeza. Ni siquiera tenía ganas de abrir mi libro favorito sobre el legendario pirata aquel día, tan nublado y asfixiante. Estaba en la cocina, solo y pensativo, tomándome un café bastante más cargado de lo normal y rozaba la amargura que no soportaba en aquellas bebidas con cafeína. Tras ponerle media docena de cucharadas de azúcar, pude hacerlo pasar a través de mi garganta pero con alguna que otra dificultad existente. Al terminarme el desayuno, si se podía llamar así, me fui a la ducha del barco, lavándome con agua fría que hizo que me vinieran escalofríos nada más terminar en el baño. Con cuidado comencé a arreglarme, primero la camisa, el pantalón después y los zapatos, para terminar poniéndome la corbata y la chaqueta del traje. Mientras iba hacia el exterior del barco, osea a proa, iba limpiando con cautela la superficie de las lentes de las gafas, lo que hizo que brillaran con el contacto de la luz del Sol. Me apoyé en la superficie del barco, observando el oleaje agitado que complementaba el mal tiempo que se estaba volviendo desde esta mañana.

Llevaba cerca de una hora observando el lado derecho de la proa, toda la zona a ver si encontraba algún problema mientras mis dos compañeros provisionales estaban en el interior del barco, a veces odiaba esa faceta mía de madrugar tanto que igualaba, a veces, a la mismísima bola de fuego que salía todos los días sobre el mar. De pronto, desde el otro lado del barco, un atronador ruido cruzó mi cerebro de lado a lado dejándome aturdido y desequilibrado en la superficie de aquel navío. Habíamos chocado contra un islote, un pequeño lugar rodeado de mar que tenía en el centro una especie de jungla o selva de brillantes gamas de color verde. Esa isla no estaba registrada en las islas de la zona y por lo tanto, o había algo realmente malo en el interior de la selva para que el Gobierno Mundial y la Marina quisieran ocultarlo, o era tan insignificante que no le habían querido dar importancia. Fuera lo que fuera, quería ir a averiguarlo y por tanto bajé de un salto del barco a la bahía en donde se había encajado el barco. Tenía tiempo de averiguar lo que pasaba allí hasta que el oleaje volviera a subir de nuevo y así salir de la zona de una vez. Comenzaban a aparecer en el cielo rayos y truenos que demostraban mi teoría de que iba a pasar algo muy malo el día de hoy.

Caí en la playa de arenas doradas que brillaban con la poca luz que pasaba a través de las oscuras y gigantescas nubes que eclipsaban a la gran bola de fuego que nos daba calor día tras día. Comencé a andar tranquilamente alrededor de la selva para ver si localizaba algo fuera de su lugar, aunque si lo pensaba mejor, no sabía que era lo normal en aquel lugar oculto del conocimiento de los navegantes y cartógrafos, además del resto de piratas que vivíamos en aquella parte del océano. Caminando y caminando estuve durante mas de media hora en cuanto vi un pequeño navío astillado y bastante viejo al parecer que por la ausencia de velas blancas y azules, pude suponer que no era de la Marina o algo parecido. Fui a ver si encontraba algo que me pudiera decir si eran piratas o algo similar para no llevarme problemas ese día. Para mi desgracia no fue así, ya que rebuscando entre una sábana y un par de pañuelos, pude encontrar un montón de folletos agrupados en los cuales salían las cabezas de los piratas de la zona, de todo East Blue o incluso de todos los océanos cercanos aunque no creo que su nivel llegara a ser lo suficiente grande como para pasar por el Grand Line. Empecé a pasar interesado los folletos, pasando por nombres realmente conocidos y por otros que apenas lo eran. Como temía, encontré lo que no quería encontrar, ''Cheren Nauts'' y ''Bel Xayen'' estaban entre ellos, mis dos amigos con los cuales había salido de viaje... por tanto, el mío venía después. Mi cabeza, valorada en pocos berries, estaba entre cuatro paredes de un papel marrón de la Marina. Eso quería decir que ellos me atacarían nada más encontrarme. Malditos cazarrecompensas, decía para mis adentros mientras dejaba los papeles en la barca e iba adentrándome cuidadosamente entre la vegetación del lugar. Tuve que apartarme varias ramas y hojas crecidas en exceso, para conseguir llegar a un lugar amplio de seco que no parecía ser de la misma jungla -¿Qué lugar es este?- y antes de poder respirar de nuevo, me cruzó un proyectil justo en frente mía para terminar más tarde en el suelo clavado. -¿Quién hay ahí? Mostraros- y de pronto, entre los matojos, salieron un hombre y una mujer, la cual era la artillera que me había disparado segundos antes. Maldición, una mujer, pensé para más tarde mirarla seriamente. El hombre sin embargo era un espadachín de pelo azulado con una mirada oscura que parecía querer decir que no tenía escrúpulo alguno.

-Bueno...¿queréis algo?- ironicé para que me diera tiempo de buscar alguna salida de aquel lugar y ahorrarme la batalla que podría llegar a pasar -¿No esta claro, pirata de las narices?- dijo el espadachín con malas pulgas -Queremos capturarte, tonto- me dijo seguido la artillera que parecía tener mucha menos edad que el otro y posiblemente rozaba los dieciocho años -Gracias, monada, algo me lo decía y tal vez sea tu anterior disparo, ¿no crees? Bueno...¿cómo os llamáis? Si me vais a atacar será mejor saber quien es el culpable de mi muerte- bromeé sabiendo que no serían capaces de vencerme. Tras algún susurro que otro por su parte, decidieron dedicarme alguna que otra palabra -Mi nombre es Barry Mayers, el famoso capitán de la banda "Ojo del huracán" de cazarrecompensas- respondió el hombre peliazul que rozaba los treinta años seguramente -¿Banda? ¿Qué formáis simplemente dos?- musité con sarcasmo hacía la afirmación del tipo. De pronto un disparo salió despedido hacía los cielos proveniente de la joven rubia de ojos verdosos. Aquella chica no parecía una cazadora para nada, iba con un vestido rosa bastante corto con algún que otro borde azulado y calzaba unos tacos rosáceos bastante altos que a cualquier otra persona le hubiese imposibilitado el movimiento pero, ¿Le pasaría lo mismo? Las cazadoras que yo había conocido o que me había encontrado por mi camino de aventura, iban más informales, de ropa de deporte para poder seguir a su objetivo. Y, por su parte, el chico de treinta años más o menos, vestía con una gabardina verde oscuro con algún que otro retoque plateado, con pantalones bombacho y botines negros. La joven chica comenzó a reirse y bajó su arma para comenzar a hablar -Hemos empezado hace poco, pero con tu cabeza y la de un par más podremos ser más famosos que nadie, tonto- se detuvo unos segundos para soltar una pequeña carcajada -Por cierto me llamo Jenny Pond, tonto-. Me quedé observando a la chica, intrigado, pensando en que fuerte razón movería a alguien tan inmaduro a la batalla y al uso alocado de armas de fuego -¿Tiene que acabar sus frases con la palabra tonto? Si queréis cazarme venir a luchar conmigo y dejaros de palabrerías- dije serio, girando mi espada de dos metros y soltando una pequeña mueca de sonrisa.

De pronto el joven de pelo liso y azulado de mediana altura llamado Barry, desenvainó su larga y ligera espada, con retoques plateados y con su hoja muy afilada y se puso en posición de combate, siendo seguido por su compañera Jenny que se puso en la posición correcta, a tres metros tras él, mientras me apuntaba con una desternillante sonrisa en sus labios. El hombre se abalanzó sobre mi haciendo un corte vertical de arriba hacía abajo que pude esquivar fácilmente y desviarlo realizando segundos después una patada que lancé contra su cuello e hizo que saliera unos metros hacía al lado. Aún llevándose el golpe pudo quedarse en pie y consiguió estabilizarse para preparar su vuelta. Mientras tanto, fui corriendo hacía Jenny evitando un disparo proveniente de ella que me rozó la pierna, provocandome una pequeña herida. Rápidamente, antes de que volviera a disparar una vez más, le di un pequeño golpe en la boca del estómago para que soltara la pistola y que se detuviera unos segundos mientras iba a derrotar a su compañero Barry. Este volvió velozmente para intentar asestarme una estocada en el pecho pero, bloqueando su arma con el brazo derecho, le empecé a dar bofetadas sonriendole y soltando carcajadas mientras recibía mis golpes. Después de eso, soltó la espada y se alejó de mí mientras se restregaba las mejillas debido al poco dolor que le podría haber ocasionado. Seguido, se chocó los puños como señal de que se iba a lanzar a atacarme con su propio cuerpo para ver si se podía igualar a mi estilo -Chico no deberías ser tan lanzado, piensa lo que vas a hacer y si os vale la pena atacarme sin un plan decente- antes de que pudiera acabar mi frase, la joven de vestido rosa y rubia me agarro por la espalda para que no pudiera moverme para que el peliazul Barry me asestara un buen golpe. Este vino corriendo hacia mí con furia y llevaba los mofletes bien rojos y un morado en el cuello. Cargo para darme un golpe en medio de mi pecho y lo único que podía hacer era actuar lo más rápido posible. Cargué con ella y la giré para que su propio compañero le golpeara y yo pudiera derrotar al pobre e inútil Barry. Este le golpeo como esperé y se calló al suelo derrotada y sin poderse mover. El peliazul se quedó mirándola con miedo y arrepentimiento pero poco duró, ya que se enfureció y vino de nuevo lanzándose sobre mí. Ahí fue cuando me cabreé realmente con aquel tipo y salí hacia Barry para cogerle del cuello y estamparlo contra un árbol -¿No ves que tu compañera ha caído? Rindete y llévala a que la vea un médico y así te aseguras de que no le hayas hecho un daño realmente grave- y seguido el lancé hacia el otro lado para que cogiera a Jenny y se largara. Subí al hombro a la chica rubia y le empujé al tipo peliazul para que me llevara a la bahía donde estaba mi barco y su barca chapucera que tenían para moverse a través de los mares.

Salimos de la jungla tranquilamente mientras el hombre iba con la cabeza baja y entristecido por aquella compañera suya que iba en mi hombro desmayada o muy hecha polvo. La dejé suavemente en la barca mientras se retorcía del dolor por eso, le levanté la camiseta por la espalda y vi que estaba completamente roja y le puse una bolsa de hielo que tenía en mi camarote en el navío de la marina que habíamos robado. Le dije a su amigo que no se la quitara hasta que pasaran entre veinte y treinta minutos para que se le bajara el hinchazón y a él le dije que la próxima vez se controlara un poco para que sus amigos y compañeros no volvieran a sufrir por su culpa. Fui subiendo por la escalera de mi barco mientras les miraba como habían quedado reducidos a cenizas con tan solo las manos de uno de ellos. Al llegar a la superficie del medio de transporte, les mire con desilusión pero les sonreí y les dije -No os desilusionéis, vosotros valéis como equipo y se que algún día me podréis dar caza. Os deseo mucha suerte Jenny y Barry, mis mejores cazadores-. Después de eso, el oleaje se levantó muy potente y fuerte y nuestros dos barcos se apartaron de la orilla para seguramente no volvernos a ver más. O eso creía yo.
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