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Diario de un marine I (Aprendiendo el oficio p1) [FIC]

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Diario de un marine I (Aprendiendo el oficio p1) [FIC]

Mensaje por Darui el Mar Mar 04, 2014 4:04 am

Era un día soleado, ya había perdido la cuenta de los días que llevábamos en altamar y parecía que seguiríamos así por mucho tiempo ya que el capitán que estaba a cargo de nuestro entrenamiento como Marines era nada más y nada menos que el capitán Jones Cargo, quién alguna vez fue un famoso marine cuando joven ahora solo se dedicaba a ser un instructor más para los que decidían unirse a la marina.

Los rumores decían que el capitán Cargo había quedado naufrago después de que toda su tripulación quedara arrasada debido a un ataque pirata cuyo nombre jamás logré recordar, otros rumores decían que había naufragado desde huérfano y que por eso su afán de recordar cada día las instrucciones esenciales en caso de naufragio:

• No desperdiciar municiones y/o provisiones.
• Buscar provisiones a cada oportunidad, no importa cuántas tengas, se acabarán.
• En caso de encontrar desconocidos no confiar plenamente en ellas ya que no tienes ni  la menor idea de qué clase de persona pueden llegar a ser.

Esas eran las tres reglas fundamentales en el manual Jones.
Caía la noche y el cocinero necesitaba un asistente ya que se había hecho un corte un tanto profundo en su mano derecha que era su mano más hábil, nadie se ofrecía ya que el cocinero no era de muy buen carácter cuando alguien cometía un error en la cocina, llegando al grado incluso de tirar marines por la borda en alguna de sus rabietas. Las únicas opciones que nos quedaban de elegir eran: seguir amarrando nudos durante la noche mientras éramos observados por el capitán o ayudar al amargado cocinero cuya cólera aumentaba cada segundo debido a no tener ningún asistente.
Me harté de atar nudos y simplemente deje caer el mío cuando estaba a medio hacer y con esto, como era de esperarse, escuché los gritos del capitán que obviamente se dirigían hacia mí.

-Muchacho insolente, acaso ¿quieres regresar nadando a casa?!- no pude evitar reír al oír esto último ya que sabía que no lo decía de broma puesto que días atrás un muchacho rebelde de los que se enlistan a la marine tan solo porque sus padres lo obligan fue arrojado al mar y obligado a nadar detrás de la nave si quería volver a subir.  Miré directamente a los ojos del capitán y noté que sentía que lo retaba, con un rostro de inexpresión contesté: - Creí que había dicho que el cocinero necesitaba ayuda, además esto es muy aburrido.- para después darle la espalda y seguir mi camino hacia la cocina del barco.

Llegué a la cocina, no sin antes escuchar la rabieta del capitán y como se desquitaba con los otros marines debido a mi acto algo déspota, y lo primero que vi fue un cuchillo que se dirigía hacia mi cara con gran velocidad y como un acto de reflejo moví mi cabeza lo necesario como para poder esquivarlo y no pude evitar sorprenderme ya que ni siquiera analicé la situación y había actuado.

Desenfundé mi par de pistolas gemelas y apunté a la dirección de donde venía el cuchillo para encontrarme con el cocinero del barco con una amplia sonrisa y sus ojos cerrados, fruncí el ceño debido a su cinismo y me dispuse a apretar ambos gatillos al mismo tiempo pero su voz me detuvo. –Vamos dispara, cualquier manera sabes que no acertarás Darui.- abrió sus ojos y los dirigió a los míos, en ese momento desconocía el motivo por el cual logró amedrentarme y por lo mismo no podía mover los brazos ni piernas y mucho menos mis dedos como para apretar los gatillos. La impotencia hacía que el sudor empezará a recorrer mi frente y mis sienes llegando a mostrar una expresión de preocupación y miedo como rara vez lo hacía, por su parte el cocinero siguió hablando.- Hijo del alguna vez famoso Vice-Almirante “A”, ¿no es así?, jajajajaja te falta mucho por aprender muchacho.- después de eso dirigió su mirada hacia otro lado, hacia la estufa para ser más exacto, para este punto ya me había liberado de la presión que estaba rondando mi cuerpo y había enfundado mis armas debido a la gran diferencia de fuerzas mostrada anteriormente. Sabía que su demostración de fuerza había sido debido a que presenció desde las sombras la anterior escena con el capitán y quería demostrar que ni siquiera el capitán tenía la autoridad en el barco como él en la cocina.

Me hizo lavar mis manos una y otra vez con la excusa de que aún no estaban del todo limpias y cuando por fin se dignó a dejarme tomar los alimentos para después prepararlos me hizo lavarlos de igual manera y para cuando finalicé entró un tripulante diciendo que el capitán estaba esperando desde hace tiempo su cena y que debido a su mal humor yo sería castigado si no llegaba a tiempo. Miré desconcertado al chef para obtener un: - “Es tú problema chico trata de hacer magia si es necesario-” seguido de una risa burlesca. Mis conocimientos en la cocina eran muy básicos ya que antes de unirme a la marina rara vez cocinaba debido a que vivía con mi madre, sin embargo había una receta que sabía cocinar muy bien: “Pescado empapelado” ya que era la receta favorita de mi padre y exigí a mi madre que me enseñara a prepararla.

Corté un pedazo de papel aluminio lo necesario como para cubrir un filete de pescado, tomé una pequeña botella de aceite de olivo y unté un poco de este sobre el papel aluminio para después hacerlo para un lado, salpimenté el filete de pescado para que obtuviera propiedades de ambas especias y luego puse el filete sobre el papel aluminio y lo volví a poner a un lado y encendí la estufa con una sartén de hierro para que empezara a calentar y lancé unos 10 mililitros de agua para que se evaporase y así saber cuándo estaría lista, mientras esto sucedía corté verduras lo más exacto que pude y siempre pensando en los distintos sabores que estos tenían, tomé un limón y lo exprimí un poco para que cayeran exactamente cuatro gotas de jugo sobre el filete, cubrí el filete completamente con el papel aluminio y lo puse en la sartén para cinco minutos después retirarlo y servirlo justo a tiempo. Me atreví a llevar yo mismo la comida, me había costado algo recordar la receta y no iba a permitir que por un descuido de algún tripulante todo mi esfuerzo terminara en el suelo. Cuando entré el capitán levantó la mirada y cuando me vio su mirada se tornó seria debido al asunto que había pasado anteriormente, pedí disculpas y entregué el platillo pero no fue todo, no era del tipo de personas que solían agachar la cabeza y meter la cola entre las patas para después irse así que lo miré directamente y dije: -Deme treinta minutos más y te traeré el mejor postre que jamás hayas probado- dije dando una mirada retadora.

No respondió nada y agarró los cubiertos para partir el filete con clase y elegancia y después probarlo, cabe destacar que en ningún momento separé mi mirada de la suya, al masticar los alimentos noté como sus ojos se abrieron  y volvió a probar los alimentos velozmente para que al finalizar de masticar levantara su mirada y dijera: - Tienes veinticinco minutos-, una sonrisa se dibujó en mi cara para después salir corriendo hacia la cocina nuevamente. Oía al chef hablar mientras preparaba comida para los reclutas mientras yo me concentraba en tomar los ingredientes necesarios para poder preparar unas brochetas de naranja con chocolate fundido, pelé las naranjas rápidamente y saqué unas barras de chocolate de la alacena y lo puse en una taza con una cucharada de mantequilla sobre una olla con un poco de agua y así se calentasen a baño maría, partí la naranja, previamente pelada, en cubitos, tomé un corto palo de madera para utilizarlo como brocheta y coloqué un trozo de naranja y después otro pero el segundo bañado en chocolate fundido y repetí el proceso tres veces en la misma brocheta para luego tomar otra y hacer lo mismo, cuando terminé una idea brillante vino a mi cabeza. Tomé dos bananas y las pelé para bañarlas en chocolate y hacer un diseño en zigzag me dirigí a la alacena para agarrar dos fresas y partirlas para hacerles forma de media luna y las coloqué en la punta de las brochetas con naranjas y chocolate y fui a tomar otro palo y utilizarlo de igual manera como brocheta, tomé de igual manera una pieza de pan y la utilicé como base para plantar la brocheta sin naranjas y puse los dos plátanos sobre esta y usé una liga para unir las tres brochetas y con una cuchara tomé ligeramente un poco de chocolate y sobre un plato escribí con éste “Marine” y a un lado puse la base de pan con las brochetas que formaban el símbolo de la marina. Entré en la sala del capitán y noté su asombro ante tal platillo más no quise quedarme a ver como devoraba mi autoproclamada obra de arte y salí de ahí mismo mientras decía: -Luego me plática del sabor-. Troné mis dedos y me dispuse a volver a mi rutina de recluta en la marina.
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