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El Encuentro - FIC - Parte1

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El Encuentro - FIC - Parte1

Mensaje por Hayato Tsunayoshi el Mar Mar 18, 2014 2:27 pm

La costa la verdad no es la gran cosa, usualmente las personas la contemplan como una doncella bailando desnuda, ofreciendo sus dotes y sus encantos a aquel que la mire desprotegido, casi como una especie de burdelista que ofrece encantos insanos pero maravillosos en su totalidad. La mirada de aquel hombre no paraba de dirigirse hacia una estructura rara, un edificio poco convencional, en el centro de aquella pequeña aldea desprovista de encantos de otras ciudades pero provista de una sutil magia que no encontrabas cada día… Era algo parecido al aire puro del campo, ese que solo se ve en los grandes reinos de aquellas tierras, de aquel mundo un poco retorcido con seres extraños y poderes inigualables… Y a decir verdad hace mucho que no narro nada de esta forma, hace mucho que deje de contar historias… Y ahora les he traído una, ya que aquí empieza, aquí parte todo, un remolino insano de ocurrencias que convergen en un punto extraño pero fascinante… La muerte. Les he venido a narrar la vida y la muerte de este personaje; Koisawa Nishijo, sus hazañas, sus perdidas, todo, y a decir verdad todo parte en otro lugar, pero este es el punto perfecto para empezar a describir aquello que pasa, y como Koisawa Nishijo murió (Aunque debo aclarar que falta demasiado para que muera, no crean que es precisamente en esta historia que lo hace, no, acá solo inicia su viaje).

-Lucha de gigantes, convierte el aire en gas natural –Empezó una voz de hombre, un tanto rara para todos, su voz era demasiado “opaca”, una voz que cantaba con ahínco una letra oxidada mientras miraba aquella estructura –Un duelo salvaje, Advierte, Lo cerca que ando de entrar. En un mundo descomunal, Siento mi fragilidad… Bazofias… -Señalo algo irritado sonriendo mientras sus sombrero (el trébol en el) se movía de un lado a otro como jugando, danzando a cada paso que aquel simple ser daba.

La villa Cocoyasi era hermosa, un notable lugar en el cual vivir, pasar el resto de su vida, sonriendo en todo momento, tranquilo del mundo, no había prisa y sus manos se hallaban nerviosas pero hábiles, caminando con tranquilidad, sin apuro alguno llego a una especie de acantilado en una quebrada desde donde podía ver a la perfección el mar adelante suyo, era un mar hermoso, azul como solo el podía ser … En aquellos momentos recordó a su esposa… Sonrió.

Aquella era una isla tranquila, a pasible, incluso un tanto aburrida, Hayato había llegado allí por cuestiones de trabajo, unas pocas noticias que cubrir, nada importante en verdad pues ya las había resuelto en unas pocas horas, a veces su trabajo era así, mas no le molestaba, tenia que cubrir noticias banales y de poca importancia que la gente aun así debía conocer, no obstante podía viajar libremente por los mares gracias a eso y por solo eso ya era un buen trabajo

Con el deber cumplido, las noticias redactadas, firmadas y enviadas a la editorial no quedaba mas que acostarse a descansar, aquella era su parte favorita, cuando el tiempo sobraba y podía dedicarse a hacer lo que mas gustaba, dormir una siesta a pasible y larga en un lugar solitario sin nadie que lo moleste o interrumpa.

Era una visión un tanto extraña un hombre moreno con aquel porte, y su tan buen vestir recostado bajo la sobra de un árbol sobre un acantilado, apoyando su cabeza sobre una enorme bola de pelos, un felino enorme, un león albino que lo seguía a sol y sombra por todos lados. El animal en aquellas situaciones era tan perezoso como su compañero, pues no podía decirse que el fuese el amo, eran mas bien como hermanos.

A la distancia podía parecer como un hombre de traje de vestir, camisa blanca impecable recostado sobre una almohada de pelos blancos, mas si se miraba en detalle podía notarse el respirar acompasado del animal.

Mas una voz lo despertó, una peculiar voz lo saco de su ligero sueño, pues lamentablemente pese a amar las siestas largas al aire libre, no poseía un sueño profundo, sino uno mas bien liviano. La voz monótona que escucho parecía un tanto molesta y otro tanto incongruente.

- Tsk... lindo lugar para salir a decir incoherencias... no? -


Dijo desde su lugar, sin siquiera abrir los ojos, o cambiar de posición, allí bajo el árbol de copa verde disfrutando de la sombra y el buen clima. No pretendía ser amistoso ni tampoco odioso, esas cosas no iban con el, era un ser que difícilmente socializaba y si había abierto la boca era porque alguien lo había despertado y eso lo ponía de mal humor.

De una u otra manera a su mente venían imágenes inconexas, así como si les faltase una parte importante, así como un rompe-cabezas al cual le faltan piezas, muchas, y eso conlleva a que sea imposible de armar, así, de esa índole eran las imágenes que surgían en su mente, una por una sin detenerse en nada, una a una prendiendo todos los terminales nerviosos de Koisawa, terminales que traían recuerdos distantes de Skypea, de las personas que había matado y de cómo durante un tiempo todas ellas aparecían en sus sueños, haciéndolo retorcerse hasta el pescuezo.

Su trabajo era sencillo para la mayoría ¿Qué tan difícil es blandir un arma y asesinar a otro ser vivo? Para quien no lo ha hecho es fácil la respuesta “es sencillo”, pero para quien ha asesinado realmente, para quien ha derramado sangre sin necesidad por un poco dinero… Bueno, es triste, es sencillo y es malo.

Mientras se hallaba tranquilo allí alguien aparecía, una sencilla persona no tan sencilla con un animal inmenso bastante hermoso, era extraño verlo allí. Su sonrisa se alzo campante, era una persona peculiar y la verdad es que le gustaban las personas con ciertas peculiaridades. La sangre recorría sus manos, sus ropas olían así, a sangre seca, mucha sangre, demasiada sangre…

-Si, la verdad es que es uno de los mejores lugares para lanzar incoherencias hacia todos lados, maldita incoherencia, aunque todos necesitamos cierta incoherencia de vez en cuando ¿No lo crees?

Una pregunta valida ante aquel sujeto, dependiendo de su respuesta se daría una idea de cómo era y que tanto llegarían a dialogar en aquel lugar, aunque al parecer lo había despertado y eso nunca hace feliz a nadie…

La voz el hombre sonó en el aire y el moreno presto atención a sus palabras, parecía un trabalenguas dispuesto para enredarlo, mas no hizo mucho caso de ellos, mastico unos momentos aquellas frases en su mente, y luego respondió, con su seca voz, sin siquiera dedicarle aun al sujeto una mirada.

- Soy de las personas que creen que los hombres deben actuar acorde a sus palabras, y que las palabras sueltas al aire no son mas que una perdida de tiempo, por tanto espero de los verdaderos hombres coherencia entre su decir y su actuar… No obstante, eso no le quita al mundo toda su incoherencia que hace de el lo que es intrínsecamente. –


Mientras su “amo” hablaba la bestia se desperezo abriendo sus imponentes fauces y observando al sujeto con un rostro totalmente inexpresivo, sus colmillos de por si solos metían miedo aunque todo en el animal indicaba que era sereno y pacifico. Olisqueo en dirección al hombre rubio del sobre todo largo y arrugo un tanto la nariz pues el animal podía percibir aquel aroma que desprendía la sangre seca, soltó un leve gruñido, no de amenaza, sino mas bien como para obligar a aquel que se recostaba sobre su lomo a despabilarse un poco.

Ante aquel sonido de reclamo Hayato abrió su ojo izquierdo y lo dirigió a examinar a la persona que allí estaba de pie, poseía un extraño aspecto, su piel era tan pálida como la ropa blanca que vestía, mas esta al parecer si bien era de color claro, llevaba muchas manchas, algunas parecían mas viejas que otras, y otras parecían muy recientes. Sangre. Soltó un suspiro molesto.

El no era un agente de la seguridad, no era un marine o una fuerza de la ley, era un simple civil, un periodista free lance que viajaba por el mundo contando la verdad, aquella que el gobierno intentaba ocultar, aquella que se escapaba de los ojos de la gente, mas sin tomar partido o creer en otros bandos. Mas ver a un hombre con aquel aspecto no era nada bueno sin duda.

- Tsk… entonces dime… ¿Hay una explicación con coherencia para toda esa sangre? –


Su voz era tranquila y seca, áspera podría ser una buena forma de describirá. No se movió de su lugar, no se altero por lo que veía ni cambio la posición en la que estaba, las manos cruzadas bajo su nuca, apoyada en aquel león albino y sus piernas cruzadas y estiradas en dirección al mar. La brisa soplaba fresca en aquel momento y traía consigo el agradable aroma marino. Esperaba que aquel encuentro no terminase mal, odiaba pelear con la gente, pero no era tampoco de quedarse quieto ante una desgracia o un crimen.


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Hayato Tsunayoshi

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